lunes, 11 de junio de 2018

Crónicas de un Garmin imaginario

Era una mañana de sábado nublada, en el Campus de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, ubicada a un costado de la vía Perimetral.  Un joven entusiasta, había soñado desde hace un par de años, ser Ironman.

Para ganar fuerza, un grupo de amigos le habían recomendado hacer el circuito de la Espol, por sus lomas serenas, e imponentes paisajes.  Era su primera vez, y mostraba ansiedad, pero su meta era más grande que sus miedos.

Andrés, como bautizamos al protagonista, había llevado todos los juguetes, estaba casi seguro que al postear su foto al final del entrenamiento en la red social Instagram, recibiría algún comentario como el de “puro equipo”.

Sus medias de compresión verde fosforescente, acompañadas con un par de zapatos nuevos recién llegados de Estados Unidos comprados hábilmente por Internet, junto con sus gafas aerodinámicas, la camiseta dry fit, una gorra y su pantaloneta de correr, conformaban sus implementos para la sesión deportiva que estaba a punto de iniciar.

Mientras daba sus primeros pasos por el camino principal que bordea el campus, recordó que no tenía reloj para ver su tiempo, y el kilometraje recorrido, error garrafal para algunos, mero trámite para otros.  Pero recordó que en conversaciones mantenidas con sus colegas, algunos habían mencionado que cada vuelta media 5 kilómetros.

El joven entusiasta, un poco desorganizado, pero entusiasta al fin y al cabo, aumentaba el ritmo en cada zancada, no le importaba la humedad, su rostro se iba desfigurando conforme avanzaba pues no tenía monedas y por ende no pudo comprar su botella de agua para el entrenamiento.

Inicialmente, había planificado 10 kilómetros, pues así estaba escrito en el plan, aquel que había decidido en ese momento, pues manda el corazón por sobre todas las cosas y los entrenamientos que sus amigos más experimentados realizaban los días anteriores.  Exhausto, no concluyo el recorrido en la garita principal, se detuvo en la loma más difícil, ahí donde se encuentra la cabina telefónica.  

Pero debía mencionar en su post mayor información, como su tiempo, pace y distancia, los likes de sus seguidores, sus fans, dependían de ese vital insumo.  Entonces respiro profundamente, miro al cielo, miro las montañas, para finalmente ver su brazo, en el que llevaba un reloj imaginario, de esos que tienen incorporados el GPS, para determinar al ojo, que había corrido 8 kilómetros, en un tiempo de 48 minutos, a un pace promedio de 6 minutos.

Llego el día domingo, de igual manera, por sugerencias de sus compañeros, había elegido hacer ciclismo, su larga de 100 kilómetros, en la vía a la Costa, donde inicialmente debía arrancar con un grupo, pero por temas de logística, su entrenamiento inicio a la 1 de la tarde.  Su caballito de acero, de una reconocida marca española, flamante de carbono, acompañado con su casco aerodinámico blanco, su outfit de triatlón (por si acaso decida cambiar de ruta a ultima hora y llegue a General Villamil Playas), sus zapatos de clips, los guantes que le presto un compañero hace 1 mes que todavía no devuelve, entre otros pequeños detalles más, lo acompañarían en el periplo programado.

En su recorrido, utilizando la vía principal, pues hay que reconocer que la ciclovía esta intransitable y muchas veces se vuelve más peligrosa que la propia carretera, el entusiasta atleta, sentía el viento como golpeaba cada vez más fuerte, en su asombro por la dificultad del entrenamiento, un sentimiento de proeza se apodera de él, imaginado que pedaleaba junto a Richard Carapaz, palpando su inspiración, sigue su camino sin desmayar, y es así que se adelanta pasando Chicas Hermosas, El Consuelo, Cerecita, la Mona, llegando hasta Progreso, donde realiza su primera parada técnica, por un coco helado necesario para la foto del post en su cuenta de red social Facebook y obviamente Instagram.

Su rostro acompañado con una sonrisa amplia, capta la instantánea, que luego subiría desde su celular, con la frase #Yoporquepuedo, #NosvemosenJulio, #Ironmanenformación, #Deecuadorparaelmundo, etc.  En ese momento, nuevamente mira al cielo, mira las tortas de papa, las humitas y los chifles que venden al pie de la carretera, para luego fijarse en su brazo el reloj imaginario que le mostraba que llevaba 50 kilómetros, a una velocidad promedio de 32 kilómetros por hora.  

Tocaba el retorno, pero la adrenalina pudo más, así que decidió en ese momento avanzar hasta Playas, y tomar la vía Data/Posorja hasta completar los 100K.  Pedaleo, pedaleo hasta pasar San Antonio, siguió pedaleando y el viento se volvía más fuerte, intratable, hasta que comienza a divisar letreros que le hablaban y le decían “Bienvenido a Playas”, “Bienvenido al segundo mejor clima del mundo”, lo que le dio fuerza, para continuar.  Ya en el pueblo, sediento, y débil porque ni un gel había llevado, ni líquidos mágicos, ni pastillas de sal, comenzaba a ver borroso, el cansancio era mayor, por lo que decidió pedalear hasta donde el cuerpo aguante, esto es 3 kilómetros antes, de donde el google maps le había señalado.

No había fuerza para hacer la transición, quería nadar, pero se sentía desorientado, miro al cielo, miro a su alrededor, el ritual ceremonioso de siempre para posterior mirar su brazo, en el que llevaba su reloj imaginario y la distancia recorrida era de 96.85 kilómetros, a una velocidad promedio de 33 kilómetros por hora.  Pero como buen comerciante, no le gusta los centavos, si no redondear al múltiplo de 5 más cercano, por lo que decidió por arte de magia postear su entrenamiento en 100 kilómetros, a un promedio de 35 kilómetros por hora.

Luego obviamente como su carro estaba parqueado en Blue Coast, regresaría a dedo, pues no quería tomar buseta por la preocupación de que se le dañe la bicicleta.  Así que para su suerte logro que una plataforma lo llevará hasta más adelante, gracias al milagro de que el chofer de ese vehículo en sus años de juventud había realizado ciclismo, por lo que durante el viaje se tornó ameno, por un intercambio de anécdotas deportivas, a veces hasta exagerando un poco, pero sin importar porque al fin y al cabo ambos eran felices.

Así continuaron sus entrenamientos con el pasar de los días, meses y años, en el chat del grupo de amigos triatletas, él tomaba como suyos los planes realizados por sus amigos el día anterior, se iba poniendo fuerte, competitivo, los seguidores en sus redes iban en aumento, la gente lo reconocía en las competencias, pero en su brazo seguía el reloj imaginario, no abandonaba su ritual de mirar al cielo, mirar cualquier cosa, para luego mirar el Garmin que siempre anheló y que nunca el amigo secreto de su trabajo se lo regaló.

jueves, 7 de junio de 2018

Betsy, es un nombre ficticio


Había salido del Mercado de la Caraguay, donde la diversidad de especies marinas fueron sujeto del morbo por parte de mi hobby llamado fotografía.  El aroma envolvente del marisco, llevaba mi imaginación a inventar los más cómicos escenarios, algunos picantes, otros jocosos.

La tentación de tener al Barrio Cuba, “a un toque”, fue la debilidad para adentrarme a este emblemático barrio porteño, donde se cuentan miles de historias, entre ellas la del suculento arroz con menestra, donde uno se lo sirve entre sus estrechas calles.

Llegue solo al puesto de doña Maura, en realidad no sé cuál fue el motivo de la elección de dicho local, pero después lo entendería cuando Betsy, me tomaría el pedido.  Fue algo asombroso ese episodio, en realidad no lo digo porque de cajón se notaba que era manaba, sino más bien por el colorido de su atuendo y por su jovial y divertida atención.

Tengo que igual describirla, porque soy un ser humano muy visual, por así encasillarme.  Sus labios, lo primero que me impresionó, obviamente gruesos, debe tener cierta mezcla con sus vecinos de la provincia de Esmeraldas.  Su cabello largo, como me gusta, como si me la hubieran hecho bajo pedido, de color rojizo salvaje.  Sus caderas, deberían inspirar las más bellas poesías, deberían incitar novelas eternas, deberían hacer próspero el negocio de doña Maura, es una locura y no exagero por si acaso.  Sus manos delicadas, parecen una obra de arte, esculpidas por algún alfarero de la etimología griega, o se me ocurre pintadas por el ilustre compatriota Guayasamín.  De estatura promedio, igual acostados todos somos del mismo porte, así me enseñaron y me lo tome muy a pecho.

Cual perro, al disimulo le pregunte a qué hora terminaría su turno y espere en el local, obviamente consumiendo porque si no sería desalojado de mi puesto (trinchera).  Ya con tres cervezas en el mate y luego de esperar 2 horas y media, Betsy acepto que la acompañase y caminamos un poco por el sector hasta llegar a la Universidad Salesiana, donde nos sentamos en la vereda a conversar un rato.  Debo manifestar, aquí entre nos, que había una mezcla de miedo, vértigo y no sé qué otras cosas más.  Debe ser que cuando alguien me gusta demasiado, las manos se me ponen heladas, digo además que el lugar estaba un poco oscuro, y no se veía desde mi punto de vista seguro, era ya la madrugada, tipo 2.

Betsy era un niña descomplicada, tanto que su sinceridad a ratos me abrumaba, pues no sé si era por la falta de la luz, pero me llego a decir que le parecía un chico apuesto, no solo por el físico, también por lo intelectual.  Debo confesar que era la primera vez que alguien me decía semejante piropo, y uno no tiene su corazón de metal o de piedra.  Abordamos muchos temas, y cuando tocaba mis bromas de doble sentido, ella explotaba en carcajadas, sentía que no podía existir hombre más cómico que yo, hasta ese punto.

Y sus ojos, son dos faros que alumbran el camino para que los barcos no queden a la deriva, su mirada profunda que desnuda hasta mis más intrépidas y osadas intenciones, pues esos mismos ojos no se despegaban de los míos.  A veces llego a temblar cuando pierdo el control de la situación, digo yo debe ser el machismo, pero me dejo llevar, porque ella es un torrente de sensaciones, no hay malicia en sus acciones, incluso hasta cuando se atrevió a besarme.

Pues ese beso, era dinámico, dinamita pura, su boca mordiendo la mía, como que dos mundos se encuentran, se alinean y no se separan nunca, porque el tiempo y el espacio es subjetivo, es trivial, pasa a segundo plano.  Y su lengua, era sedosa, jugosa y juguetona, se enlazaba con la mía, como quien no me quiere soltar jamás, como quien se quiere quedar para siempre viviendo ahí, como quien encuentra un hogar y lo hace suyo, como quien me toma y me saca cuarto aparte.

Todo este relato que ya se empezaba a tornar húmedo, fue repentinamente detenido por las bocinas de un patrullero corta nota, de esos que aparecen 1 vez en un millón de escenarios, pero me jugo el número a mí. 

Fuimos desalojados amablemente, de la vereda que ya habíamos hechos nuestra, así que continuamos caminando hasta la Domingo Comín, a la altura del Colegio Cristóbal Colon, agarrados de la mano, tomamos el carril exclusivo de la metrovía, tirando pata hasta el sector de la Bahía, por la Alberto Reyna y Villamil.

Fueron horas de conversaciones, preguntas y revelaciones, era como si nos conociéramos de toda la vida, y lo que no sabe Betsy, es que mi corazón llevaba décadas en que había dejado de latir y se siente extraño cuando este lo vuelve hacer.  Pero ella seguía con sus historias, que había sido mesera en Cangrejo Cultural, también en la Culata, Café del Rio, Malakita y Guayaquil Social Club.  Sus historias de cultura, arte y bohemia, la ponían cada vez más interesante, pues sus palabras acerca de Guayaquil, eran mágicas.  Decía que la ciudad la engatuso, que tiene ese aroma de rio, manglar, estero, que la vuelve loca, que la ciudad la seduce, que la sofoca, como su clima, que el guayaco es divertido, dice que como yo, y me da otro beso “largo y tendido”, es como que recibo un golpe de nocaut, que me deja torpe, que me deja fuera de base.

Tuvimos que partir de aquel sector porque los muchachos recolectores de la basura llegaron a cortar nota de nuevo, así que caminamos otra vez agarrados de la mano hasta Mendiburo y Rocafuerte, donde exclamó “esta es mi zona”.  Su departamento quedaba en el tercer piso de un destartalado edificio, en él había un balcón pequeño pero con una vista grande, un balcón de esos que se prestan para hacer el amor, y para hacerlo hasta que nos pille el amanecer, esos balcones que solo existen en leyendas urbanas.

Betsy, es un nombre ficticio, dentro de una historia llena de realidad.            

Ya no recuerdo la sazón del arroz con menestra del Barrio Cuba, o si lo pedí con carne, pollo o pescado, lo que sí puedo decir es que la salprieta estuvo espectacular.

domingo, 20 de abril de 2014

MetroWay


No hay hora fija para embarcarse al paseo que cruza integro toda la ciudad.  Con lujo de detalles lo sabe Jorge, quien amanece y anochece en los articulados y alimentadores de la MetroWay.  Su transporte de moda, mas bien en boga diría el, ya que con frecuencia encuentra a los mas diversos personajes sacados de historietas aun no publicadas. 

Jorge me cuenta un dato interesante, perplejo comenta que en cada "estación" o parada es una lotería del amor, diversos rostros, cuerpos, personalidades, sonrisas, poses, escotes, tacos, lo van cautivando al punto de casi perder el próximo trasbordo.  La belleza es exótica, la mujer coqueta y atrevida - no habla de un mundo paralelo - mientras colecciona números para aumentar sustancialmente sus contactos en whatsapp y obviamente consolidar sus posibilidades de ser un don Juan.

El recorrido transcurre con normalidad por lo menos por el momento, la exclusividad de la vía lo transporta a su niñez, a las calles de su natal comuna donde recuerda eran un punto en el mapa del olvido y sus vías muy lejanas al concreto eran privilegio solo de los transeúntes .  La melaconlia lo invade, pues hace mas de 2 décadas que no visita a los suyos, dice que el vivir en una ciudad grande lo consume.

Suena por los parlantes de la metro "Cuando pienses en mi" y le vuelve la sonrisa, se pone "once" y orgulloso dice que Napolitano es su pana de chupa y que algunas veces se lo ha topado en los recorridos, que incluso le ha ayudado a componer en uno de los 35 asientos, hay mucha inspiración en el ambiente, sobre todo la "viveza criolla".

Jorge se concentra, deja de volar por un momento y aterriza.  Grita con emoción ahí viene el articulado del "romance".  Un carro con capacidad para 170 pasajeros que lleva mas de 250.  Las parejas no pueden estar mas cerca, los cuerpos se conectan, las caricias llegan hasta así no las pidas, las sonrisas te las regalan, todos ellos son unos galanes y todas ellas unas divas. El calor agobia, la temperatura aumenta, pero eso no es importante.

Nos pregunta Lainez, apellido de nuestro guía turístico que si escuchamos alguna vez la historia del "choque" en este servicio de transporte.  Pues revisando los archivos le comente que efectivamente si había conocido de algunos accidentes por imprudencia de carros livianos o motorizados.  Suelta la carcajada, nuevamente llena su pecho de orgullo y con un acento que no es guayaco exclama yo estuve en el lugar de los hechos.

Parame bola!!!!  que te voy a dar el dato comenta Jorge, esa tarde tipo 13:45 unas jovencitas bien agraciadas con un lindo uniforme se subieron con unos pelados y se sentaron al final del carro.  Ellos pusieron una música chevere en sus celulares y comenzaron a improvisar un baile un chance erótico para mi gusto pero yo no soy nadie para juzgarle, el show estaba bueno, allá las autoridades y sus padres, tu sabes como es la juventud de ahora, mientras nosotros jugábamos al pepo y trulo, estos juegan con las "muñecas"

Mi amigo parece estar en todos lados, no se pierde ninguna y los problemas de la rutina no le afectan en nada, su chirez es secundaria, su alegría es el legado o la única herencia que le dejara a sus hijos en caso de tenerlos. 

Continua y me pregunta, has escuchado de las troncales??? ahí todos somos panas, aunque no respetemos las filas, pero te juro, uno puede llegar hasta sin billete y siempre la gente te presta los 25 centavitos mágicos, las personas ni te conocen y te tratan como hermano por que te dicen "broder", otros con mas afecto "mi body" y otros mas transtornados "mi bodycito" sin duda somos la gran familia troncalera.

Guayaquil es hermoso desde la MetroWay, comenta mientras suena por los parlantes "Mi linda muchachita" del inigualable Segundo Rosero que de paso es primo en cuarto grado del ilustre Jorge.  Te cuento la plena, hay que poner buena cara siempre, todos los días viajo dos horas de ida y dos de vuelta, aquí suceden cosas que nos cambian la vida, como la volante que me entregaron y por la cual conseguí mi trabajo como estibador en el Puerto. 

Llegamos a la troncal de Bastión Popular y tomamos el ultimo alimentador que nos llevaría hasta Flor de Bastión Bloque 8, nos tomaríamos una cerveza bien helada en la tienda de la esquina en la cual la madrina nos atendió de lujo.  Ya era tarde, yo partí y Jorge se quedo con su felicidad de siempre...

jueves, 20 de diciembre de 2012

Pensando en voz alta




Eran pasillos eternos, llenos de soledad, de historia, de analogías, que conducen al portal del tiempo que fraccionado se congelo en una etapa que todos prefieren olvidar.  Es así que la descripción nos invita a formar parte del invento de mentes trasnochadas que persiguen los lamentos de los que se rindieron sin siquiera haberlo intentado. 

Pareciera que la guerra llego sin previo aviso, que los ataques sistemáticos fueron de perfil bajo creando un holocausto donde los vestigios son la prueba del clamor de sus sufrimientos que retumban en paredes frías de colores olvidados.

Todo es un desierto de ideas, donde además de la escases de valores prima la intolerancia por el criterio ajeno.  Son caminos  de amargura, donde la vejez se hace prematura sin el permiso de nadie hasta que el deterioro de los molares hace imposible una sonrisa.

Por eso el exterminio de la raza entusiasta es un hecho que no merece un debate, donde la democracia es una mala palabra irreproducible en cualquier lenguaje por lo que su traducción está vetada desde cualquier punto de vista.

Los pilares son tan frágiles como débil es la estructura que pronto veremos colapsar mientras nuestros ojos derraman lágrimas de impotencia ante un escenario que un día fue propicio para una plataforma que nos convertiría en seres lejos del anonimato.

La esperanza solo es una palabra gastada que reposa en un grafiti que algún atrevido se lleno de valentía para inmortalizar así un hecho aislado que no llego mas allá de unos centímetros en una libertad que nadie comprende, que nadie disfruta.

En esta la tierra del incapaz que sin esfuerzo se prepara para ser parte del rebaño, no entiende que el genocidio no es el nombre de la fiesta de la luna, ni el disparate de un intelectual que bautiza así el estreno de un cortometraje.

Pulcro ni la conciencia, lástima que los valores se quedaron en el armario donde la ética y la moral están llenas de polvo y telaraña. Busco en la desolación el grito desesperado de los que claman por autonomía, los que algún día vivieron lejos de sus miedos y donde hoy solo es una anécdota.

Soy el que sobrevivió a la pandemia, el que se resistió a que el mundo llegara a su fin…

jueves, 24 de noviembre de 2011

Algo esta sucediendo



Era una tarde de primavera…..Buenos Aires, 6pm, cielo despejado, el silencio rondaba por las calles, por los parques, por el aire…., no era un día normal, tampoco anormal, sólo era diferente, extraño….
El sol se mostraba tímido, opaco, algo andaba mal en la ciudad; las personas comenzaron a presentir un misterioso sentimiento de vacío, todo se detuvo: el comercio, el transporte, el ruido, el único sonido que se podía apreciar era el del miedo, temor, angustia…

Y comenzaron a caer cristales celestiales, los cuales mojaban poco a poco la ciudad de frío, el cielo comenzó a tornarse oscuro, relámpagos iluminaban los ventanales de cada edificio y el cielo no dejaba de moverse, de latir.
Comenzaron a haber tantos cambios, el mar cambió insólitamente de color, dejó de tener movimiento, el sol ya no ardía ni quemaba, no iluminaba, y una parte del cielo se dividió y un rayo de luz cayó…

Nadie sabía qué ocurría, la incertidumbre cada vez era más grande; unos decían que venía en camino un nuevo huracán, pero qué raro! supuestamente Suramérica está libre de huracanes, entonces… ¿qué podría ser?
¿Acaso será un fenómeno celestial? ¿Dios llegó sin previo aviso ni señal a Buenos Aires?
No paraba de llover, los truenos y relámpagos pegaban con más fuerza, llegó la noche, las calles se encontraban deshabitadas, se veía cómo las personas en cada piso estaban asomadas en cada edificio de la ciudad, viendo qué sucedía… 
Nunca se habían percibido las calles tan vacías, tan desoladas, nunca se había escuchado ni sentido un ambiente tan tranquilo pero a la vez escalofriante… ¿qué está pasando?

Todos los noticieros subieron su rating al máximo, ya que todos querían algo de información. Sin embargo, ellos no poseían información concreta ni resultados científicos acerca del fenómeno; lanzaban todo tipo de teorías, hipótesis, pero no se atrevían a confirmarlo.
Lo único que podían confirmar es que ya no sólo era en Buenos Aires, sino, que todos los países del mundo vivenciaban el mismo fenómeno. Muchos fueron a iglesias, a altares, a cualquier lugar que sintieran que Dios estaba más cerca y los podían “salvar”; muchos pensaban que el fin, ahora en realidad, estaba cerca.

El cielo se tornó rojo y no paraba de llorar, las gotas cristalinas se convirtieron en chispas rojizas, y los truenos comenzaron a adoptar un sonido de llanto, de tristeza….
De repente, entre los cielos apareció una imagen abstracta, enseñando los momentos tan tristes, desesperanzadores y sin sentido por los que pasa el mundo ahora…
¿Acaso Dios quiere que entremos en conciencia y hacernos saber cual es su estado de ánimo hoy en día?

Todos estábamos paralizados, en shock de lo que sucedía, ya que jamás había ocurrido algo semejante a esto, parece que el mundo cada vez se iba degradando más, ya que no recibíamos ningún tipo de advertencia, y así parece que funcionan los seres humanos…

Se fue la imagen, paró la lluvia…el cielo se calmó y una frase quedó en todos los idiomas del mundo: “Confío en ustedes”, una frase alentadora, que nos hacía creer que Él todavía tiene fe en nosotros, que tenemos el poder para cambiar el mundo en buen término, no para abusar de éste…
Todos sabemos que el futuro es tan incierto, es mejor cambiar ya, que después lamentar. 

¿Me estás escuchando? Eso espero……

By Emilio León 

viernes, 3 de junio de 2011

TODO ES EN VANO



Y salí a dar una vuelta sin rumbo fijo, lo único que deseaba era no quedarme encerrado en esas cuatro paredes donde la situación se volvía incómoda.  Por suerte la vida me regaló un hermano que siempre me apoya espiritualmente hablando.  Aprovechando su gran corazón agarré su VESPA de colección, su casco muy llamativo, su atuendo para romper el viento y sus guantes de cuero para que el frío no trise mis manos.

Era un poco cómico el verme por las calles, digo yo por el coraje que me consumía pensaba que estaba en una Kawasaki Ninja donde iba a todo motor dejando el cólera regado por el asfalto capitalino.  Por suerte, él había tanqueado la noche anterior por lo que no debía preocuparme por el combustible.  

Me parece que la temperatura bordeaba los 9 grados centígrados, con tremendo frío mi mente se congeló y en ella quedó el problema que me angustiaba pero que dejé a un lado por este momento.  Imaginaba que estaba en el Grand Prix de Mónaco,  lo digo porque no respetaba ninguna luz roja y parecía que iba encabezando el pelotón de los líderes.

Por suerte el motor de esa moto clásica no lo fundí, es más creo que entablé una pequeña relación de comprensión con aquel artefacto mecánico ya que por momentos me sirvió como válvula de escape.  No se me ocurrió bautizarla con algún nombre a mi caballito motorizado, pero queda como tarea pendiente para otra ocasión, así no nos desviamos del tema.

Hubo momentos en que mi corazón latía acelerado al ritmo de una salsa mortal de esas impecables de la vieja guardia que me trae el recuerdo de grupos como El Gran Combo, Los Niches, Fania All Stars.  Por cierto, no tenía compañía para este viaje que de citadino se comenzó a convertir en provincial.

Pues solitario como el llanero, seguía en competencia contra buses interprovinciales, volquetas llenas de materiales de construcción, contenedores abarrotados de mercaderías, camionetas repletas de público en general que por ahí me levantó alguna sospecha de coyoterismo que está de moda en varias zonas de mi país.
La verdad es que de repente cuando reaccioné estaba rotundamente perdido, extraviado, ni idea hacia dónde iba o de dónde venía, todos los paisajes me eran iguales.  Iguales de hermosos, iguales de encantadores, iguales de lejanos, iguales de confidentes, iguales de milenarios, iguales de iguales, a la final igual no tenía brújula y en el altiplano no soy muy bueno para ubicarme que digamos.

Ya habrán pasado unas tres horas desde que salí disparado del edificio que omito su nombre por razones de seguridad, y ante mi asombro me encuentro ante unas ruinas que sí me daban la impresión de haberlas visto en mi niñez.  A primera instancia enloquecí, pensaba que había llegado al Perú y que me encontraba en El Cuzco, pero pronto me di cuenta del lapsus casi imperdonable en el que había incurrido para aclarar con el debido respeto a todos los presentes, que se trataban de las ruinas de Ingapirca.  Era obvio que había viajado más rápido que flash, porque geográficamente estaba en la provincia del Cañar a 80 kilómetros de Cuenca y a un montón interminable de Quito.

De seguro mi hermano va a querer matarme, ha de reclamar que le he gastado sus neumáticos además de que ni él mismo ha rodado su trofeo motorizado tanto como yo en un solo día.  Tengo que ganar tiempo para buscar una buena excusa y convencerlo de que no me merezco una buena “puteada” de confianza por el atrevimiento de abusar de su nobleza.

Pensé por un momento enviar la moto por carga en algún avión pero era tarde, el aeropuerto más cercano estaba un poco lejos y créanme que de repente por arte de magia el problema por el cual huí volvió a mi mente, por lo que en ese momento entré en shock.  Dejé de sentir el clima, me sudaban las manos, las piernas me temblaban, la columna me pesaba más de lo normal y de paso se me bajó la presión.
Fue tal el dolor que por un momento comencé a sentir en mi corazón me daría un infarto, estaba muy nervioso por lo que traté de estacionarme y caminar por un momento para respirar profundo, a pesar de que la noche ya nos estaba amenazando.  Por unos minutos medité acerca de los últimos acontecimientos sucedidos en mi vida, no sé si me sentía culpable o a lo mejor un títere del sistema social.

Llegó el momento en que recuperé mi buen sentido del humor y procedí a regresar en busca de la moto cuando de repente me resbalo y mi cabeza golpea fuertemente contra el pavimento.  Ví estrellas, planetas, imágenes, que de seguro serían las últimas que recordaría, porque luego de eso perdería la memoria.  Te imaginas!!! Perder la memoria, una locura extrema que no había estado en mis planes desde antes de mi nacimiento.

Recuerdo que no recordaba nada, ni mi nombre, ni mis apellidos, ni de donde soy, cuál era mi edad, si tenía hermanos, pero lo mejor de todo era que no recordaba mis problemas.  Hoy me desperté escribiendo y no sé por qué lo hago, sólo que tengo un poco de miedo y me lo han pedido mis manos.  Qué angustia tremenda el sentirme tan solo, tanto que ni siquiera tengo compañía de mi alma que me abandonó por un romance con mi memoria.

Ojalá alguien me reclame, me decía por dentro.  Debería estar en la lista de los desaparecidos y conocería a seres que no recuerdo que vendrían a mí corriendo para darme un abrazo de felicidad que no merezco.  En todo caso soy ciudadano del mundo, porque los recuerdos se blanquearon así como formatearon toda sensibilidad hacía una región a la que antes lo podía haber jurado lealtad regalándome ella una nacionalidad.

Tengo que detener esta narración aquí, porque no sé cómo va a terminar ya que mi memoria es corta, tanto que cada 3 minutos se me reinicia el sistema operativo.  Es una lástima, no me imagino cuantas veces llevo escribiendo lo mismo, ni en cuantas hojas he rayado jeroglíficos.  

Tengo que despedirme porque me confundo, aparte la tinta de mi pluma se está agotando.  Me he dado cuenta que me he comido las uñas y no sé si eso es algún significado, busco señales pero todo es en vano.
Adiós…

By EDU

jueves, 3 de marzo de 2011

Un Taxista poco común


Eran las 2 de la tarde de un día de Noviembre del 2010, estaba saliendo de mi oficina rumbo a mi casa, había decidido no trabajar la tarde pues me sentía aparentemente cansado.

En la calle intenté abordar dos taxis que nunca pararon ante mi señal de solicitarlos, el tercer taxi que se aproximó hacia mí era un vehículo muy viejo, de aquellos que casi no ves rodando por la ciudad, luego de negociar el precio y de no ver cerca ningún otro taxi decidí subirme aquel taxi bejuco.

El sol era agobiante, el taxi no tenia aire acondicionado y aparente algo en el motor le funcionaba mal pues dentro del taxi el calor era insoportable.

No hay nada que hacer jefe, cuando uno se propone algo lo logra, de esa manera rompió el hielo el taxista para iniciar la conversación.

Claro conteste, sin ánimos de seguir la conversación pues un dolor de cabeza me estaba comiendo las neuronas.

Le cuento algo insistió el taxista, yo compre este carro hace un año en 6 mil dólares, y me propuse pagarlo en un año y ya debo tan solo trescientos dólares, me lo propuse y prácticamente lo he logrado…. Lo felicito acoté notando que aquel taxista no era común.

Y sabe porque no he podido concluir la totalidad… continuó el taxista,

Me he vuelto dejado dijo el taxista, estas últimas semanas llego a casa y me pongo a ver televisión y ya no quiero salir, me quedo en cama y me da pereza… y eso no está bien… por eso ayer tomamos decisiones con mi esposa….

Qué decisión pregunté? Al mismo tiempo que me percataba que me había dejado llevar por la conversación…

Pues no regresaré a casa mientras no cumpla con un presupuesto diario, haré 40 dólares diarios, y con eso pagaré en un mes lo que queda de la deuda y aparte pagaré un LCD que me compré por qué no tenia televisor en casa más que uno pequeñito.

Sabe, hace un año empeñé mi televisor y hace dos meses que fui a retirar querían que pague 3 veces lo que había pedido prestado, casi el doble de lo que cuesta el televisor.. y lastimosamente lo perdí, me quedé sin televisor en mi casa…

Con mi esposa, decidimos salir a buscar un televisor barato pues nuestra posición económica no nos daba para mucho y sabe que Jefe… compramos un LCD de 42 pulgas, en un lugar de liquidaciones… con el dinero que iba a pagar por mi televisor viejito di la entrada y ahora lo estoy pagando… Cuando las cosas son para uno, sencillamente se dan.. solo hay que saber aprovechar la oportunidad y proponerse a lograr lo que soñamos…

Por eso jefe, me he propuesto tener 3 carros para dar trabajo y comprar una casa en el norte de la ciudad, esa meta lo cumpliré antes de llegar a los 50, hoy tengo 46, aquel taxista soñador sonreía mientras veía siempre al frente siempre…

Sabe, hoy inicié con el presupuesto, y sabe que, no llevo ni dos horas y ya cumplí la mitad… lo felicito le dije, mientras ya veíamos próximo mi destino… por aquí le dije al taxista, mientras una pareja en la esquina siguiente lo solicitaba… Se da cuenta Jefe, lo dejo a usted y ya tengo otra carrera… hoy me lo propuse y lo logré, que tenga buen día me dijo…. Mientras yo contestaba… gracias por enseñarme lo que pensé que había aprendido…

JALE